Empalizadas de tres metros, alambre de espino, seguridad privada, playas infinitas, barbacoas, comodidades sin parangón, parque acuático… todo esto sucede a tiro de piedra de una de las mayores catástrofes humanitarias de los últimos tiempos. Labadee, en Haití, es sol y fiesta.
Y es que a Labadee, un pequeño enclave de la Royal Caribbean Internacional, siguen llegando cruceros de lujo. Ayer mismo desembarcaron los viajeros del Liberty of the Seas, uno de los navíos más grandes del mundo. Muchos turistas muestran su disgusto por seguir con las visitas pero los responsables de la compañía argumentan que su presencia es más necesaria que nunca.








