Grecia tendrá que hacer los deberes. Vaya que sí. Pero escapar del fantasma de la suspensión de pagos y quitarse definitivamente las orejas de burro costará esfuerzos ingentes a Atenas.
En realidad, la expresión “plan de ajuste” del que todos hablan estos días implica, en realidad, un esquema durísimo y doloroso para que Grecia haga sus “deberes” y recorte su déficit público, del 12,7 por ciento del PIB en 2009, hasta el 3 por ciento (que marca el Pacto de Estabilidad) para 2012.
Y es que precisamente, las desbocadas finanzas públicas griegas fueron el detonante de la crisis helena y de la pérdida de confianza en el país por parte de los mercados y las agencias internacionales de calificación.
Lo más amargo para Bruselas fue que Atenas mintiera a la agencia estadística europea, Eurostat, y colocara su cifra de déficit en un nivel artifical, cuatro veces más bajo que el real. Consecuencia: la Comisión de los 27 socios de la UE obligará al país a un severo programa de ajustes, que vigilará milímetro a milímetro.









