Por Jorge Amil. Para mí, más allá del optimismo y el pesimismo, se me plantea la duda de si esta situación de depresión económica y social es real o ficticia. Ya sé que suena a disparate. Sin duda es real en el sentido de que las cifras no engañan. Cuatro millones de parados, sólo en España, entre los que me encuentro, no son ninguna tontería.
Pero me da por pensar en que es ficticia en el sentido de que la llave de la puerta de salida a esta situación la tiene una palabra sencilla y fácil de pronunciar y a la que sin embargo no es tan fácil darle crédito, no ya financiero -¡que también!-, sino de fe: confianza. Lo más grotesco del tema es que quienes tienen esa llave en la mano son los mismos que nos metieron a todos en este cuarto oscuro: los Bancos.







