Lo ha sugerido Paul Krugman, flamante precio nobel de economía, pero la idea no es nueva. Ya en los años 70 Charles Tobin sugirió gravar las transacciones económicas internacionales con un impuesto lo bastante pequeño como para que no afectara a las operaciones de comercio a largo plazo pero sí como para que desincentivara las operaciones especulativas. La idea fue tan revolucionaria en su tiempo que automáticamente bautizaron al asunto como la tasa Tobin.
Estas operaciones especulativas son las que distorsionan los mercados y provocan las grandes fluctuaciones de un día para otro. ¿Cómo? En estas operaciones los márgenes de ganancia son muy pequeños pero seguros de tal forma que los inversores mueven grandes volúmenes para que compense la compra y reventa casi instantánea en los diferentes mercados mundiales.







