Ahora que todo el mundo anda buscando soluciones para la crisis no está de más tomar nota de aquellos lugares donde esa inquilina indeseada apenas ha dejado sentir sus efectos.

Aquí andamos a vueltas con las soluciones holandesas o alemanas, quizá pensando que tienen que ver más con nosotros pero lo realmente cierto es que Holanda o Alemania tienen más similitudes con Canadá que nosotros con cualquiera de los países citados. En consecuencia y por aquello de la propiedad transitiva de las matemáticas bien podemos fijarnos en lo que ha pasado (y sobre todo en lo que no ha pasado) en Canadá para salir prácticamente indemne de la crisis de marras.

En 1904, el primer ministro canadiense Wilfred Laurier vaticinó: “El siglo XIX fue el siglo de Estados Unidos. Creo que podemos asegurar que es Canadá quien deberá llenar el siglo XX.” Quizás Laurier se adelantó 100 años: ahora que el mundo acude a Vancouver para disfrutar de las Olimpiadas de invierno, el siglo XXI pinta muy bien para el país norteamericano. Para empezar, Canadá ha sorteado muchos de los problemas que atenazan hoy a Estados Unidos y que son:

  • Montañas de deuda pública.
  • Un sistema bancario en crisis.
  • Debacle inmobiliaria.
  • Divisa muy debilitada.

Un país sin crisis: los bancos más sólidos
El sistema bancario de Canadá, compuesto por el Royal Bank of Canada y otros cuatro grandes bancos, ha conservado su solidez durante la crisis crediticia internacional. Este sistema, donde no ha habido ayudas financieras a los bancos, es el más equilibrado del mundo y se caracteriza por flujo tan constante como responsable de préstamos y beneficios.

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Recientemente Chávez ha devaluado su moneda para mejorar las exportaciones venezolanas de crudo. Este aprendiz de economista y muchas otras cosas sigue convencido de que no es lo que es sino lo que él diga y juega con la moneda como quien juega con las televisiones y todo lo que haga falta. Y debe estar convencido de que cuanto más lo dice más verdad es porque, ya no contento con que las televisiones públicas emitan forzosamente sus soporíferas alocuciones de varias horas ahora ha impuesto la misma medida a las televisiones de pago.

La relación de cambio con otras monedas esta fijada por ley, no por el libre juego de la demanda y de la oferta, propiciando un floreciente mercado negro de divisas en dicho país. Y es que no hay otro remedio. La relación de cambio dólar/bolivar fuerte oscila entre 2,6 y 4,3 por dólar (según el sector afectado). Esto quiere decir que en un país pobre donde la inflación es galopante, los precios de los productos básicos tienen varios ceros y apenas hay importaciones hay que dar 1 dólar para conseguir 2,6 bolívares.

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Chávez ha sacado al ejército y a las fuerzas vivas a la calle para controlar los precios. Todo ello ha sucedido con motivo de la devaluación del bolívar fuerte (no es un adjetivo, es como se llama la moneda que sustituyó hace años al antiguo bolívar, uno que ya tenía tantos ceros que amenazaba convertirse rápidamente en una moneda falta de confianza) forzada artificialmente por parte del Gobierno, en un momento en el que la inflación anual se sitúa en el 25%. Vamos que lo costaba antes 100 vale ahora 125.

Los venezolanos ya se lo saben y han salido en tromba a hacer acopio de productos antes de que los precios suban más. ¿Y por qué los precios han de subir ante una devaluación de la moneda?

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El síndrome holandés, también conocido como “mal holandés” o “enfermedad holandesa” es el nombre general que se le asigna a las consecuencias dañinas provocadas por un aumento significativo en los ingresos de un país. El término surge de la década de 1960 cuando las riquezas de los Países Bajos aumentaron considerablemente a consecuencia del descubrimiento de grandes yacimientos de gas en el Mar del Norte.

Como resultado del incremento de ingresos el florín se apreció lo que perjudicó la competitividad de las exportaciones no petroleras del país. De ahí el nombre de este fenómeno, que si bien no se relaciona con el descubrimiento de algún recurso natural, puede ser el resultado de cualquier hecho que genere grandes entradas de divisas, como un notable repunte de los precios de un recurso natural, la asistencia externa y la inversión extranjera directa.

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