
Una vez pagado el rescate del Alakrana fuentes españoles indicaron que el reparto en tierra fue multitudinario. Pero la mayoría de quienes hacían cola para cobrar no eran piratas sino accionistas. Efectivamente, existe una bolsa privada de valores en la costa de Somalia donde cotizan un sinfín de compañías marítimas dedicadas a la piratería. Eran 15 hace unos meses pero con el triunfo de algunas de algunas de estas primeras empresas (es decir, cobro de rescates millonarios por barcos y tripulaciones) hoy día son más de 70. Ni que decir tiene que se trata de una bolsa ilegal sin ningún tipo de respaldo oficial.
En este hipotético mercado primario somalí, las OPV permiten a estas navieras equiparse con lo básico en el noble arte de la piratería, esto es, un par de zodiacs, armamento (supongo que unos AK-47 bastarán), municiones y combustible. Entiendo que lo relevante para fijar el precio de salida de las acciones será la experiencia de los empresarios en anteriores secuestros, el pasado militar o, sencillamente, la mala fama del capitán. Posteriormente y ya con las acciones en manos de los inversores (es decir, en el mercado secundario de reventa de acciones) todo consiste en esperar y ver.
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