Imaginemos un hotel con un millón de habitaciones cuya construcción ha sido financiada por varios bancos. Esas habitaciones se pueden comprar o alquilar y al principio todo va bien puesto que son muchos los interesados. No es para menos: el hotel es todo lujo y refinamiento y las perspectivas son fabulosas para los inversores pues entienden que mucha gente pagará por disfrutar de semejantes instalaciones. Con lo que se obtenga en alquileres o ventas se pagará a los bancos que, igualmente creyeron en la rentabilidad del negocio. El lugar es de ensueño y todo el mundo así lo cree… hasta que deja de hacerlo y las lujosas habitaciones sencillamente no se ocupan.
¿Os suena la historia? Ya sabéis, gente que cree que esto o aquello es la divina pomada y paga un precio altísimo en la confianza de revenderlo a un precio superior. Sí, se trata de una burbuja. Sustituyamos hotel por Dubai en el párrafo anterior y el cuadro está completo: las inversiones multimillonarias que se han hecho en Dubai, mayormente inmobiliarias, no están rentando lo que se pensaba. Buena culpa de ello la tiene la crisis económica pero, a su vez, la falta de pagos de Dubai ha ocasionado otra crisis.







