Si se es la única empresa del mercado no es necesario fidelizar a los consumidores ni preocuparse de competir aunque habrá que estar muy pendiente de las leyes antimonopolio. Los economicus – piensa el ladrón que todos son de su condición – no solemos ver con buenos ojos a las empresas que tienen la sartén por el mango, esto es, a quienes unilateralmente pueden imponer precios y condiciones de venta al mercado. Si realmente nos fiáramos unos de otros no existirían las leyes antimonopolio y no habría problema en atribuirles buena fe a este tipo de empresas puesto que gozan de inmejorables condiciones para mejorar las condiciones de vida de todo el planeta. Los monopolios tienen su club de admiradores y razones de peso no les faltan tal y como veremos en este capítulo. La paradoja es que el mercado te dice que debes competir pero no tanto como para eliminar a toda la competencia porque en este caso serás sancionado. Y si no, que se lo digan al gigante de la informática Microsoft…
Archivo para febrero 2011
Existe otro tipo de mercados en el cual las empresas no tienen que convencer a nadie de que son diferentes. Las barreras de entrada a este tipo de mercados, normalmente en forma de inversiones, son tan fuertes que son pocas las que pueden competir en él. Como los clientes son cautivos de estas pocas empresas, son muchas las tentaciones para no competir. No tiene sentido iniciar guerras de precios puesto que si todas lo bajan solo los beneficios disminuirían. Tampoco pueden no hacer nada porque entonces se les echarían encima las leyes de competencia alegando que se ha formado un cártel pactando precios o repartiéndose el mercado. ¿Qué hacer entonces? ¿Combatir de verdad o fingir que se combate? Por sorprendente que pueda parecer, la lógica del economicus suele llevar a este tipo de empresas todopoderosas a escoger la peor opción de las que pueden elegir. Descubra por qué nos castigan con publicidad los fabricantes de móviles, medias, compresas, automóviles y un largo etcétera.
El incentivo de obtener un mayor beneficio mediante precios lo más altos posibles hace que las empresas traten de limitar el acceso del número de competidores. Cuantos más competidores y menos diferenciado es un producto del de los demás, más difícil resulta cobrar precios altos o expulsar a la competencia. En consecuencia hay que luchar sin cuartel para defender la cuota de mercado y hacerse con la de los demás. La teoría es sencilla, la práctica no tanto. Las empresas economicus se buscan la vida para ser diferentes de las demás a ojos de los consumidores. Son muchas las llamadas pero pocas las elegidas. ¿Quiénes triunfan? ¿Cómo hacerlo? Convertirse en cisne mientras los demás son los patitos feos no es tarea fácil pero si se consigue el esfuerzo merece la pena. El premio es la fidelidad de los consumidores y los réditos numerosos puesto que el fabricante goza entonces de un margen más que amplio para variar el precio o las condiciones de venta.
¿En qué se parecen un campo de prisioneros y un mercado?
No hay comentarios - Deja un Comentario
En 1945 R.A. Radford, un británico que había estado preso en un campo de prisioneros en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, publicó un artículo en el cual detalló sus experiencias durante el cautiverio. Pudiera pensarse que centró su relato en las penalidades del cautiverio pero nada más lejos de la realidad. Con todo lujo de detalle, Radford describió una forma de organización económica única e irrepetible, tanto por las circunstancias y protagonistas del contexto histórico como por las peculiaridades de su funcionamiento. Utilizando como referencia uno de los artículos más conocidos de la historia económica en el presente capítulo analizaremos las características de la forma económica por excelencia: la economía de mercado. Y en ese funcionamiento subyace la mano invisible: el interés de los economicus es lo que hace que se promueva el interés de la sociedad. Pero a pesar de lo que pueda pensarse no todo depende del precio. La mano económicus es invisible, sí, pero tiene muchos dedos y no todos juegan limpio.
¿Por qué le llaman democracia cuando en realidad es una oligarquía?
No hay comentarios - Deja un Comentario
El sector público es fundamental en las organizaciones económicas y al frente suelen estar gobiernos elegidos democráticamente. En los sistemas democráticos son muchos los partidos políticos llamados a repartirse la tarta de votos. Pero lo normal es que gane el partido mayoritario de la Derecha-Cola o el partido mayoritario de la Izquierda-Cola. ¿No le sorprende que la liga la ganen siempre los mismos? Tanto unos como otros se comportan como un duopolio – un mercado donde solo existen dos empresas – para autoperpetuarse en el poder. Sucede en la mayoría de los países del mundo pero el caso español es sangrante por muchas razones. Al final y en la práctica, o mandan los unos o los otros, como si toda liga fuera del Madrid o del Barça, aunque eso sí con algún socio ocasional. La élite de quienes están al frente de estos partidos mayoritarios se alternan para gobernar España y, como buenos economicus y utilizando métodos legales que no morales, se refuerzan en el poder mientras impiden el ascenso de otras formaciones. ¿Se atreve a descubrir que realmente no vive en una democracia?
Me dicen desde la editorial que la cubierta que he publicado en el anterior post no es la definitiva. He aquí la que va a salir publicada en abril bajo el sello de Gestión 2000. Mis disculpas. Gracias por las numerosas muestras de apoyo y enhorabuena que ya he recibido tanto en mi correo como en el facebook. A partir de este domingo empiezo a desgranar la temática de todos y cada uno de los capítulos. Espero no defraudaros!
Bajo el sello de Gestión 2000 publico en abril mi primer ensayo de economía y también mi primer libro que no es para bachillerato o ciclos. Desde que el año 2000 publiqué Contabilidad General y Tesorería para el ciclo medio de gestión administrativa ha llovido mucho. Hoy en el mercado también están Formación y Orientación Laboral, Empresa e Iniciativa Emprendedora y Economía, los dos primeros para ciclos y este ultimo para bachillerato. Cronológicamente este es el resumen rápido pero no por dejar de publicarse los libros dejan de estar ahí. Este ensayo de economía nació en 2006 para servir de libro de apoyo al libro de economía para primero de bachillerato que es el que mejor acogida ha tenido de entre los citados.
Cualquier libro de texto tiene que ajustarse a un currículo para su elaboración e igualmente debe ser muy políticamente correcto a la hora de exponer contenidos. El de economía no es una excepción. Se trata de un libro pensado para quienes se inician en la economía pero que se queda muy en la superficie de ciertos conceptos y ya no digamos de corrientes de opinión. Los libros de texto son libros técnicos con poco margen para el comentario o la reflexión, lo cual es un grave handicap cuando se trata de economía donde cabe de todo: política, filosofía, historia, matemáticas, sociologóa, estadística… La economía lo es todo y es nada.
Para tratar de suplir las carencias que cito en el apartado anterior nació en 2006 este ensayo que va a ver la luz ahora. Es algo a medio camino entre Freakomics y El Economista camuflado o, por lo menos, eso he pretendido que sea. La última palabra la tendrán los lectores. Para mí es un libro muy polítcamente incorrecto que me he divertido mucho haciendo. Y es que precisamente esa es una de mis máximas pretensiones: que sea ameno para quien lo lee. Pensado para todos los públicos este libro trata de explicar el mundo bajo un enfoque económico. Estos son algunos de los por qué a los que da respuesta el libro:
- ¿En qué nos parecemos un millonario, un bosquimano, usted y yo?
- ¿Por qué le llaman democracia cuando realmente es una oligarquía?
- ¿Por qué pagamos más por los plátanos que por las bananas?
- ¿Por qué son buenos los monopolios?
- ¿Por qué pagamos colegios privados cuando los resultados de la pública son similares?
- ¿Qué tienen en común los vendedores de móviles y los traficantes de drogas?
- ¿Por qué no vemos a Kaká como un emigrante?
- ¿Por qué debería legalizarse el tráfico de algunas sustancias ilegales?
- ¿Por qué deberían echarse al monte los cerdos, los pollos y las vacas?
- ¿Por qué los países prefieren los cañones a la mantequilla?
- ¿Por qué hay bancos que no piden avales a sus clientes pobres?
- ¿Por qué los gobiernos gastan más de lo que ingresan?
- ¿Por qué las burbujas siguen cobrándose víctimas a pesar de los controles de bancos y gobiernos?
- ¿Por qué los países que lo hacen todo ellos mismos son pobres?
- ¿Qué tienen en común las acciones de una compañía naviera del siglo XVIII y las hipotecas ninja del siglo XXI?
- ¿Por qué las subvenciones a la agricultura de los países ricos perjudican a los países pobres?
- ¿Cómo es posible cultivar vino en la bodega de un barco?
- ¿Por qué debería haber más multinacionales en los países pobres?
Saldrá en abril y desde este blog voy a hacer una especie de puesta de largo: todas y cada una de las semanas hasta su lanzamiento comentaré uno o dos capítulos del mismo. Espero que lo disfrutéis
“Vente a Alemania, Pepe” es el título de una película de 1971 protagonizada por Alfredo Landa y que ilustraba, con muchos tópicos y un humor que yo encuentro deprimente, las características de la emigración española de la década de los sesenta. En aquellos tiempos miles de labriegos, hasta 500.000 se fueron con Pepe a Alemania, para mejorar sus perspectivas laborales. Mucho ha llovido desde entonces.
En dos generaciones se han acortado las distancias entre los países pero lo que sí que ha variado sustancialmente es la preparación de los emigrantes españoles. Esta semana la canciller alemana Angela Merkel visitará España para invitar a los españoles a trabajar a su país. En España hay excedentes laborales, 4.700.000 desempleados, mientras que Alemania necesita medio millón de trabajadores cualificados. Como siempre y en este tipo de noticias, lo más interesante no es lo que se dice sino lo que no se dice. ¿Qué tienen de especial los emigrantes españoles? ¿Son más cualificados o simpáticos que los de otras nacionalidades? No, nada de eso. Los latinos de los países europeos suelen tener “morriña”, esto es, añoranza por su tierra natal. Esto quiere decir que lo normal es que vuelvan a sus países de origen si las perspectivas laborales cambian o, en todo caso, a jubilarse. Y esto último es fundamental para un país que acoge emigrantes.








