Desde un punto de vista práctico, el terrorismo impone costes a todos, no solo a las víctimas directas. El miedo a un atentado, por muy pequeña que sea la probabilidad de que se produzca, atenaza a pueblos y sociedades enteras. Esa desproporción entre la amenaza y el peligro real hiere más que las balas que salen de las pistolas o las bombas.
Por otra parte si por ejemplo le preguntamos a un extranjero por España lo más probable es que hable de los tópicos: flamenco, toros y siesta. Como tópico también es que en España hay atentados terroristas a cargo de una banda que lucha por la independencia de cierto territorio. Podemos enfadarnos de que el mundo no sepa más de España pero también nosotros somos pecadores: los extranjeros se fijan en lo que es diferente en España con respecto a sus países de igual forma que hacemos nosotros cuando nos fijamos en sus países. Una pequeña investigación revela que los toros, flamenco y siesta tienen una aceptación muy desigual en todo el territorio, por no decir el terrorismo de ETA, que no acontece en todo el territorio español sino principalmente en una pequeña parte de él, esto es, en el País Vasco.
Generalizar es un error comprensible, aunque un error a fin de cuentas. Cuando se produjeron los atentados terroristas del 11 de septiembre y después los de Londres y Madrid, hubo quien aprovechó la ocasión para criminalizar a todo el Islam. En España hay toreros y entre los musulmanes terroristas pero eso no quiere decir que todos los españoles sean toreros y terroristas todos los musulmanes. No obstante no preocupa que haya toreros en una sociedad pero si terroristas durmientes. Los terroristas viven entre nosotros y el día menos pensado se activan y estrellan un avión contra un edificio o ponen una bomba en un transporte público.



