Está trayendo cola el post de las naranjas y los limones llevado al plano emocional. En el anterior post señalamos que la ley de Gresham solía expulsar del mercado a los que según nuestra propia visión, son los mejores candidatos, esto es, nosotros mismos. Pero esto sucede una vez que nos desengañamos de nuestras posibilidades o de los beneficios que nos va a reportar el emparejarnos. ¿Cómo afrontamos cada decisión de emparejarnos? Química aparte, está el método científico para analizar racionalmente las alternativas mediante el llamado método prueba o error el cual solemos afinar a medida que acumulamos experiencias. Lástima de no poder disfrutar de varias vidas para poder llegar realmente adonde queremos.
Para medir los resultados, en economía se utilizan los números del dinero como forma de valorar para evaluar los costes y los beneficios de cada cosa. Pero los precios, salarios, etc no son valores absolutos, puesto que solo proporcionan una vara de medir. Los precios nos permiten saber que es más valorado un coche (20.000 €) que una manzana (0,02) y además podemos establecer comparaciones y equivalencias. Un coche de 20.000 € equivale a 100.000 manzanas. Todo ello sin contar con que todo tiene su tiempo y su lugar porque ¿cuánto vale un vaso de agua que sale del grifo de nuestras casas? ¿Y ese mismo vaso en medio del desierto y muerto de sed? Medir emociones es más complicado pero posible a través de la utilidad: una persona decide buscar pareja solo si la utilidad esperada es superior a la de estar soltero.








