Grecia tendrá que hacer los deberes. Vaya que sí. Pero escapar del fantasma de la suspensión de pagos y quitarse definitivamente las orejas de burro costará esfuerzos ingentes a Atenas.
En realidad, la expresión “plan de ajuste” del que todos hablan estos días implica, en realidad, un esquema durísimo y doloroso para que Grecia haga sus “deberes” y recorte su déficit público, del 12,7 por ciento del PIB en 2009, hasta el 3 por ciento (que marca el Pacto de Estabilidad) para 2012.
Y es que precisamente, las desbocadas finanzas públicas griegas fueron el detonante de la crisis helena y de la pérdida de confianza en el país por parte de los mercados y las agencias internacionales de calificación.
Lo más amargo para Bruselas fue que Atenas mintiera a la agencia estadística europea, Eurostat, y colocara su cifra de déficit en un nivel artifical, cuatro veces más bajo que el real. Consecuencia: la Comisión de los 27 socios de la UE obligará al país a un severo programa de ajustes, que vigilará milímetro a milímetro.
“No pensamos darle (a Grecia) ningún respiro”, aseguraba esta semana el primer ministro de Luxemburgo y presidente del eurogrupo (16 socios), Jean-Claude Juncker. El luxemburgués recogía así el estado de ánimo contrariado de la UE ante el escándalo contable griego, que ha puesto en entredicho la solidez de toda la zona euro.
Para quitarse el sanbenito, Atenas, con el primer ministro Georgios Papandreou a la cabeza, deberán hacer esfuerzos extraordinarios: reformas de los sistemas de jubilación, reducción de sueldos a los funcionarios y drástica bajada de gastos en general. Todo ello sin contar con los problemas domésticos: se prevén movilizaciones sociales de protesta ante la dura política de ahorro, que algunos analistas han comparado a los inflexibles programas de ajuste que suele aplicar el Fondo Monetario Internacional (FMI).
El objetivo: salvar la credibilidad del euro y conjurar los ataques especulativos de los mercados. El Pacto de Estabilidad se hizo precisamente para que nadie pudiera arrastrar a los demás socios por el desagüe. Más que una solidaridad desinteresada, al ayudar a Grecia la UE se está salvando a sí misma de una eventual hecatombre financiera.
Vía | eldiariodesevilla
« Los anuncios de la Superbowl | Valor añadido o beneficio »




