Hace unas décadas una comisión australiana se llevó unas muestras de albariño de un catálogo vitícola madrileño. Tales muestras eran para uso científico pero, vaya por dios, acabaron en manos de los viticultores de ese continente. Cultivaron con ahínco la uva y durante 20 años la vendieron como albariño hasta que este año descubrieron que, en realidad, la uva en cuestión era savagnin blanc, una uva francesa muy inferior a la gallega.
La fuente del error estaba en el catálogo de Madrid y muy pocos viticultores se salvaron de cultivar equivocadamente unas uvas destinadas en principio a usos científicos. Seguro que pagaron justos por pecadores pero hoy por hoy los costes de replantar la uva buena podrían llevar a la ruina a muchos bodegueros.






