Empalizadas de tres metros, alambre de espino, seguridad privada, playas infinitas, barbacoas, comodidades sin parangón, parque acuático… todo esto sucede a tiro de piedra de una de las mayores catástrofes humanitarias de los últimos tiempos. Labadee, en Haití, es sol y fiesta.

Y es que a Labadee, un pequeño enclave de la Royal Caribbean Internacional, siguen llegando cruceros de lujo. Ayer mismo desembarcaron los viajeros del Liberty of the Seas, uno de los navíos más grandes del mundo. Muchos turistas muestran su disgusto por seguir con las visitas pero los responsables de la compañía argumentan que su presencia es más necesaria que nunca.

Cynthia Martínez, portavoz de la empresa, manifiesta que los cruceros transportarán unos 100 palets de ayuda alimentaria con cada visita a la isla, aparte de  un millón de euros en ayudas humanitarias que saldrá de las arcas de la propia empresa.

Aunque sin duda cualquier ayuda beneficia a Haití, las de Royal Caribbean son pocas al tomarse en cuenta que en los últimos años la empresa ha gastado 55 millones de dólares en el desarrollo del complejo privado de Labadee, todo ello sin restarle mérito a su presencia comercial en la isla y es que es de las pocas empresas que se ha atrevido a instalarse en un país que muchos definen como uno de los más bárbaros del planeta.

Unos 230 haitianos trabajan en el complejo de manera regular, y a otros tantos se les permite acceder periódicamente para vender artículos turísticos en zonas delimitadas, pero ahí termina la interacción entre la empresa y el pueblo. Los turistas no pueden salir fuera de la zona que controla Royal Caribbean, al igual que a los nativos se les prohíbe el acceso a las playas y todos los bienes y servicios que se ofrecen.

Vía | elmundo
Imagen | kausnik

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Jorge - 21 Ene 10 a las 12:43:34

Pues así a bote pronto, a mi me parece bien. Toda ayuda es poca en este momento.