Las nuevas normas de la OCDE obligan ahora a Suiza a colaborar con los países que lo pidan en caso de sospechas fundadas de evasión o fraude fiscal. Pero hay una excepción: esto no afecta a los residentes. La protección de cuentas para ellos sigue tan blindada como en tiempos de la guerra fría, siempre que ese dinero no haya sido ganado en Suiza.
Por ello la revista Bilan destaca el flujo de ricos “modestos”, provenientes mayormente de Francia o Alemania, quienes llegan a Suiza atraídos por el forfait fiscal. “Cada semana hay más candidatos a la residencia”, dice un abogado. Todos llegan a vivir al país de Heidi aconsejados por sus banqueros. Aunque la gran novedad es que los recién llegados no son oligarcas de Siberia, sino pequeños empresarios que han vendido su negocio o trabajadores que han recibido una herencia inesperada. “Es que la fiscalidad francesa es tan desfavorable a las pequeñas fortunas que obliga al exilio fiscal”, justifica el abogado.
¿Pero qué es el mencionado forfait fiscal? Es un trato negociado entre el residente extranjero y el cantón donde vive. Así, contribuyente y Estado se ponen de acuerdo sobre un monto fijo de impuestos anuales basado no en los ingresos de la persona, sino en su tren de vida. O sea: el residente paga en función del valor de su vivienda y sus gastos. Una solución adoptada ya por más de 5.000 ricos llegados de otros horizontes menos “comprensivos” fiscalmente.
Sólo los contribuyentes extranjeros sometidos al forfait fiscal en el cantón del Vaud han dejado en las arcas estatales 60 millones de euros en 2008. Al mismo tiempo, el negocio inmobiliario está en pleno boom, pues “los nuevos residentes se arrancan propiedades con valores que oscilan entre 2 y 10 millones de euros”, según Bilan. A ello se suman listas de espera de hasta 500 niños en las muy exclusivas escuelas internacionales de Ginebra. A juzgar por estos datos, todo hace pensar que Charles Aznavour, Alain Prost o el Aga Khan tendrán cada vez más nuevos vecinos.
Vía | elpais
Imagen | elroto
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