Como ha sido primera plana mundial no me voy a extender con la noticia: Massimo Tartaglia, ingeniero eléctrico, lesiona a Berlusconi, primer ministro italiano, con una estatuilla del Duomo de Milán. Se ha hablado mucho de ambos hombres así que ahora vamos a hablar del convidado de piedra y nunca mejor dicho. La estatuilla del Duomo de Milán, de polvo de mármol, ha duplicado su precio de un día para otro. Antes de la agresión se vendía a 6 €. Ahora, como es el souvenir más buscado por los turistas, su precio ha subido hasta los 12 €.
El exceso de demanda ha duplicado el precio de la estatuilla y, por lo que se ve, promete ser el regalo de las navidades en Italia. Imagino a un montón de empresarios fabricando a la carrera réplicas de la catedral de Milán. Los primeros en llegar serán los primeros en ser servidos y obtendrán altos beneficios por el famoso producto. Eso sí, una vez que pase la fiebre y los medios de comunicación cambien el tercio, habrá un exceso de estatuillas a las que habrá que bajar el precio para poder ser vendidas.
Ha habido precedentes de instrumentos agresores famosos. A todos se nos viene a la cabeza el zapato arrojado a Bush, que ha proporcionado fama al agresor (que no obstante acaba de ser condenado a tres años de cárcel) y dinero a los fabricantes del zapato en cuestión. Está claro que Massimo va a ser héroe y villano a partes iguales pero no cabe duda de que obtendrá pingues beneficios por su injustificada acción previo paso por la cárcel.
Y es que a pesar de no tener antecedentes penales, Massimo Tartaglia va a se acusado de agresión con premeditación por serle encontrado un objeto punzante, un spray de pimienta y otra estatuilla similar a la que lanzó. ¿Pensaría en repetir el tiro si fallaba el primero?
Imagen | europapress
« Menos barreras a la creación de empresas | La contabilidad creativa del Celta de Vigo »





No sé si el hombre pasará por la cárcel. Parece que llevaba 10 años con tratamiento psiquiátrico.
Sí pero por eso lo de la premeditación. El pensarse la agresión no es el acto de un loco irreflexivo.