berlusconi

Como ha sido primera plana mundial no me voy a extender con la noticia: Massimo Tartaglia, ingeniero eléctrico, lesiona a Berlusconi, primer ministro italiano, con una estatuilla del Duomo de Milán. Se ha hablado mucho de ambos hombres así que ahora vamos a hablar del convidado de piedra y nunca mejor dicho. La estatuilla del Duomo de Milán, de polvo de mármol, ha duplicado su precio de un día para otro. Antes de la agresión se vendía a 6 €. Ahora, como es el souvenir más buscado por los turistas, su precio ha subido hasta los 12 €.

El exceso de demanda ha duplicado el precio de la estatuilla y, por lo que se ve, promete ser el regalo de las navidades en Italia. Imagino a un montón de empresarios fabricando a la carrera réplicas de la catedral de Milán. Los primeros en llegar serán los primeros en ser servidos y obtendrán altos beneficios por el famoso producto. Eso sí, una vez que pase la fiebre y los medios de comunicación cambien el tercio, habrá un exceso de estatuillas a las que habrá que bajar el precio para poder ser vendidas.

Ha habido precedentes de instrumentos agresores famosos. A todos se nos viene a la cabeza el zapato arrojado a Bush, que ha proporcionado fama al agresor (que no obstante acaba de ser condenado a tres años de cárcel) y dinero a los fabricantes del zapato en cuestión. Está claro que Massimo va a ser héroe y villano a partes iguales pero no cabe duda de que obtendrá pingues beneficios por su injustificada acción previo paso por la cárcel.

Y es que a pesar de no tener antecedentes penales, Massimo Tartaglia va a se acusado de agresión con premeditación por serle encontrado un objeto punzante, un spray de pimienta y otra estatuilla similar a la que lanzó. ¿Pensaría en repetir el tiro si fallaba el primero?

Imagen | europapress

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En esta entrada hay 2 comentarios. Añade el tuyo.
jorge - 16 Dic 09 a las 12:46:53

No sé si el hombre pasará por la cárcel. Parece que llevaba 10 años con tratamiento psiquiátrico.

Anxo Penalonga - 16 Dic 09 a las 14:14:44

Sí pero por eso lo de la premeditación. El pensarse la agresión no es el acto de un loco irreflexivo.