Nov 24

Marketing de abogados

No hay comentarios - Deja un Comentario

justicia

El alto número de visitas del post marketing de carpinteros me ha animado a escribir otra historia de “marketing de andar por casa”, aunque mucho más gratificante y con final feliz porque, a diferencia de la de los carpinteros, el profesional nunca dejó de serlo.

Esta va de abogados, concretamente de toda una saga de tres generaciones de abogados. Un abogado tenía mucha fama en pleitos de tierras hasta el punto que, con el tiempo, la mayor parte de sus casos se ceñían a esta especialidad. El volumen de estos casos fue tal que el hijo de este abogado heredó unos cuantos casos y el nieto algunos menos.

Los casos seguían llegando al bufete familiar porque aunque eran llevados por el hijo o el nieto de este ilustre abogado, todos sabían que el abuelo estaba detrás para asesorarlos. Todo fue bien hasta que el abuelo murió. Mientras la fama del abuelo se perdía en la memoria de las gentes, cada vez empezaron a llegar menos casos al bufete.

Habían pasado ya varios años desde la muerte del abuelo cuando un cliente, que no sabía que el abogado había finado y desesperado porque su caso ya había sido rechazado por otros abogados, se presentó al nieto.

El caso era ciertamente difícil. El cliente decía que le pertenecía un terreno dentro de un monte comunal desde hacía 200 años pero no tenía papel alguno que lo acreditara. El propio ayuntamiento se personó en la causa para afirmar que el cliente mentía.

El nieto del abogado, astutamente, consiguió que el abogado del ayuntamiento identificara exactamente el terreno del cual no había papeles. Es decir, el propio ayuntamiento sabía que, desde siempre, esas tierras pertenecían al cliente. ¿Cómo si no podía saber las lindes y la propiedad del mismo?

El cliente se emocionó y dio el caso por ganado e igualmente lo hizo el nieto del abogado pero hete aquí que, debido a un tecnicismo, se perdió el juicio.

El nieto del abogado sabía que el juicio se ganaría en la instancia superior pero, de momento, había que pagar las costas del juicio perdido en la audiencia provincial. Las pagó de su propio bolsillo y no le dijo nada al cliente.

Cuando ganó el juicio en el tribunal superior de la comunidad autónoma llamó al cliente para comunicarle el feliz resultado. En los sucesivos meses el bufete se revitalizó con la multitud de casos de tierras procedentes de la comarca del cliente satisfecho.

Un día me encontré con un amigo de la comarca en cuestión que ignoraba mi amistad con el abogado y que me dijo de él: “Es tan bueno como el abuelo”.

Imagen | digitalgroup

Etiquetas:
Bookmark and Share
En esta entrada no hay comentarios. Añade el tuyo.