carpintero

Cuando pensamos en marketing es inevitable pensar en las campañas de las grandes marcas. Coca-cola, Freixenet, El Corte Inglés… marcan estilos o temporadas hasta el punto de que posteriormente asociamos melodías o mensajes publicitarios a determinadas épocas de nuestra vida.

Sin embargo el marketing está presente en todas las actividades empresariales muchas veces de la forma más impensada. Y no hacen falta grandes anuncios televisivos o empapelar las vallas del país entero por no hablar del que es transmite a través de internet o los móviles. Ahora que se habla tanto del marketing viral (ese en el que los usuarios participan activamente) no está de más recordar el viejo boca a boca, el cual puede jugar a favor o en contra.

Ahí va un ejemplo de marketing de carpinteros. Dos carpinteros se dedicaban a instalar cocinas por toda la provincia y cuando llegaban a una zona nueva, encargaban al distribuidor una puerta más de lo que pedía el cliente. Una de las puertas la rayaban ligeramente y la extra (que era exactamente igual a la rayada) la guardaban en el almacén. Llegado el momento de montar la cocina y después de desembalar cuidadosamente las puertas, uno de los carpinteros se llevaba las manos a la cabeza delante de la señora de la casa.

“Fíjese en esa falla de la madera”

La señora montaba en cólera y, automáticamente, aparecía en escena el segundo carpintero para darle la razón a la mujer. “Que esas cosas pasaban” “Que la melanina no es madera” “Que muchos tableros vienen defectuosos”… Por otra parte, en el sector de la madera las puertas de los armarios de cocina se encargan a fábrica y tardan entre dos y tres semanas en servirse. Es decir, al disgusto de un material defectuoso había que añadirle un tiempo de espera de varias semanas hasta que la cocina estuviera completada. La tardanza era confirmada por el distribuidor cuando se le llamaba por móvil.

La mujer, disgustada, se llevaba su enfado a la cama y lo rumiaba con el marido. Tras una mala noche de los clientes, los carpinteros aparecían con una solución impensada: ellos mismos harían la gestión en la fábrica para que la puerta en cuestión estuviera cuanto antes y sin cargo alguno.

A los dos días aparecían con la puerta que tenían guardada en almacén y ¡voilá! clientes satisfechos. En una localidad de 1000 habitantes llegaron a colocar 20 cocinas… Ni que decir tiene que la táctica en cuestión solo era utilizada una vez en cada pueblo.

No es muy profesional fingir un defecto para parecerlo apareciendo automáticamente con la solución pero el hecho es que funcionó… hasta que el familiar de un pueblo habló con el de otro y, esta vez, el boca a boca jugó en contra de los “astutos” carpinteros. Pocas cocinas montaron después de aquello.

Imagen | educima

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En esta entrada hay 3 comentarios. Añade el tuyo.
jorge - 23 nov 09 a las 17:15:18

¡Pues sí que es divertida la historia de estos dos astutos (?) carpinteros! Nohay nada como la honradez.

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