El caso Opel ha vuelto a poner de manifiesto la doble vara de medir europea según quien sea el socio juzgado. En 2006 la Comisión Europea acalló sin contemplaciones a Portugal cuando GM cerró la factoría de Azambuja, despidió a 1200 trabajadores y trasladó a Figueruelas la fabricación del Colombo. Ahora, cuando es Alemania quien quiere subvencionar Opel, la Comisión Europea se limita a expresar con mucha tibieza sus dudas sobre la legalidad de las ayudas prometidas por el Gobierno alemán a Magna.
En definitiva, ¿cuáles son los límites a la libre competencia y a las ayudas del Estado en el mercado único de la Unión Europea? Exactamente los definidos por los intereses de los países más poderosos. Cuando están en juego los intereses nacionales – el empleo en este caso – la cacareada libre competencia se convierte en agua de borrajas. Llegado el caso, los gobiernos asumen el control, alegan fuerza mayor para justificar que no funcione el libre juego de la oferta y la demanda y se decretan subsidios multimillonarios para minimizar el coste nacional de malas decisiones empresariales. Todo esto no evita, por supuesto, que esas mismas multinacionales se hayan llenado los bolsillos en las épocas de bonanza.
Lo de siempre: cuando todo va bien son las empresas quienes ganan pero cuando todo va mal pagamos todos.
Vía | lavozdegalicia, 15/11/2009
Imagen | ojodigital
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