¿Cuántas veces nos hemos lamentado por no estudiar más cuándo éramos jóvenes o por no tener papeles que avalen ciertas conocimientos? Creo que nada sustituye a la enseñanza presencial pero estamos en el siglo XXI y las nuevas tecnologías han puesto a nuestra disposición una poderosa herramienta sustitutiva: la formación online.
El horario lo pones tú y todo desde un ordenador con conexión. A grandes rasgos existe un tutor al cual le enviamos periódicamente ciertos ejercicios y le consultamos las dudas. Al final del curso obtenemos el correspondiente diploma con las horas o realizamos un examen presencial. Lógicamente, estos últimos son los más prestigiosos pero también los más caros.
Pero cuidado, elige bien. Hay demasiada inflación de cursos. Internet ha abierto un mundo de posibilidades pero también muchas vías muertas. En este sentido la regla básica es que el prestigio del papelito o diploma lo dan los filtros que haya que superar para su obtención y normalmente son tres o una combinación de los mismos con especial atención al primero:
- Prestigio. Ciertas instituciones o entidades son una garantía a la hora de impartir formación.
- Examen. La cumplimentación de ejercicios o actividades no es suficiente. Si no hay prueba presencial o algún tipo de control de conocimientos estamos ante un titulito del montón.
- Dinero. Cuanta menos gente tenga determinado título o diploma más exclusivo y elitista resulta de tal forma que más gente quiere acceder a él y, cómo no, el coste suele ser alto para filtrar a los candidatos.
Nuestros papeles hablan por nosotros y cuanto más prestigiosos sean más fácil será que nos contraten. Invertir en formación es invertir en ti, no lo olvides.
Imagen | imaginaciónycualificación
Galleta didáctica – Formación sí, pero con filtro
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